Comunicación y Autoconcepto.
Ningún concepto o juicio es más trascendental para la persona que el que se forma sobre sí misma. Sin embargo, es en el transcurso de los años y mediante la comunicación con los demás, como vamos integrando ese Autoconcepto que puede ser positivo o negativo, estimulante o deprimente, equilibrado o desbalanceado, verdadero o falso.
Así pues, todos utilizamos las reacciones que producimos en los otros con el fin de formar una opinión de nosotros mismos.
Nos apoyamos en otros a partir de las gratificaciones y recompensas que nos hacen sentir valiosos y estimados, o recibimos de los demás el castigo o la desaprobación que nos lleva a sentirnos inadecuados y sin valor.
Si hacemos memoria, sobre todo durante la niñez y la adolescencia, reiteradamente fuimos calificados de cierta manera, flojos o trabajadores, sucios o limpios, inteligentes o tontos, cobardes o valientes, feos o bellos, etc., y a fuerza de repetírnoslo terminamos por crees que así éramos, aunque en muchos de los casos ello no corresponda a la realidad.
Importa destacar que ese autoconcepto o autoimagen, es la variable número uno en la comunicación humana, variable que condiciona en forma decisiva nuestras acciones y reacciones (Rodríguez Estrada, 1988:40).
Por otra parte, según la imagen o juicio que tengamos de nosotros mismos, cuando nos comunicamos con los demás, buscamos una de tres posibles respuestas.
La primera es la de confirmación. Hasta donde podemos percibirlo hoy, esta confirmación de la imagen de la persona tiene de sí misma, por su interlocutor (el otro), es probablemente el factor de mayor influencia en asegurar el desarrollo y la estabilidad mental que hasta ahora haya emergido de nuestros estudios de comunicación.
La segunda respuesta posible es el rechazo de la definición que la persona hace de sí misma en su comunicación a nosotros. Lo curioso es que el rechazo, por doloroso que sea, presupone por lo menos un limitado reconocimiento de lo que está siendo rechazado y, por consiguiente, no niega necesariamente la realidad de la visión que la persona tiene de sí misma.
En cambio la tercera respuesta posible, desconfirmación, es la que produce efectos más devastadores sobre la sanidad mental.
Tratase de fenómeno de la indiferencia, de la negación de la importancia del valor y de la propia existencia significativa de la persona. Es el caso de las personas que pasan inadvertidas, a quienes el comportamiento indiferente de los demás para con ellas es como un mensaje inexorable y repetido que les dice: tú no existes (Díaz Bordenave, 1978: 93-95).
Hay otro aspecto importante en relación con el autoconcepto: si nos conocemos, pero rechazamos, la comunicación con nosotros mismos no es buena; viviremos en un conflicto permanente y destructor. Tenemos que dar un paso más: aceptarnos y ello implica, en primer lugar, aceptar nuestro yo físico, es decir, estar en contacto con nuestros sentimientos; no negarlos, no decir que no tenemos miedo cuando si lo tenemos, etc. En tercer lugar, aprender a perdonarnos; de lo contrario viviremos en conflicto con nosotros mismos y con los demás (Rodríguez Estrada, 1988:41).
Precisamente parte del encanto de los niños radica en que en ellos hay congruencia entre sus sentimientos y sus comportamientos; todo es espontaneidad y verdad, el trato con ellos ofrece total sinceridad. No obstante que “ser uno mismo” es tal vez lo más difícil de lograr en este mundo complejo, convencional y doble, los padres y los adultos matamos la sinceridad dentro del niño, le negamos una y otra vez la oportunidad de “ser él mismo”, al exigirle actuar y reaccionar según pautas. Así a la larga, tampoco será sincero en su trato con los demás.
sábado, 1 de octubre de 2011
Sexta Lectura Com y Conducta
La Comunicación y Conducta
La comunicación es fundamental para funcionar de una manera “humana”. Mediante ella, los primeros veinticuatro meses de vida, aprendemos a prescindir de las manos para caminar, es decir, adoptamos la posición erecta que caracteriza al ser humano; aprendemos a controlar esfínteres; a comer utilizando determinados instrumentos, o simplemente de forma diferente a la de los animales.
Después aprendemos una serie de normas y valores éticos que nos permiten controlar nuestras emociones, ejercer nuestra sexualidad conforme a lo socialmente aceptado.
Comunicación e Inteligencia
Los científicos piensan que la inteligencia es innata solamente como potencialidad y que se desarrolla realmente sólo si la educación recibida es idónea y estimulante. Un niño criado en un ambiente familiar en el cual hay comunicación efectiva entre el padre y a madre, entre ellos y él; que dispone desde edad muy temprana de libros, tiene la oportunidad de viajar y acceso a entretenimientos como el teatro y conciertos de música clásica, asiste a escuelas donde se privilegia la comunicación profesor-alumno, alumno-alumno, desarrollará niveles de inteligencia más altos que los de un niño educado familiar y escolarmente en una situación de pobreza en canto a comunicación y a posibilidades materiales.
Quizá el siguiente caso ilustre ese punto.
Jonh G., cuyo padre es médico y cuya madre fue profesora, entra a la misma escuela que Arthur N., cuyo padre es un obrero semiespecializado, cuya educación llegó hasta el octavo grado y cuya madre era una empleada con sólo siete años de educación. En el primer grado, John obtuvo calificaciones mucho mejores que Arthur en la mayoría de las materias y parecía ser apreciablemente más brillante. Al final de este primer grado se les aplicaron a ambos niños tests individuales de inteligencia y, para sorpresa del maestro, ambos obtuvieron un CI (coeficiente intelectual) de 135. La diferencia de aprovechamiento obviamente estaba relacionada con las diferencias en experiencias ambientales. Los padres de John le leían mucho, lo llevaban a viajes a lugares de interés tanto cercanos como lejanos, discutían temas de “adultos” con él, lo alentaban a preguntar y a buscar información y le recalcaban mucho la importancia de la educación. Los padres de Arthur rara vez le leían, no alentaban sus preguntas, hacían pocos viajes y se mostraban más bien desinteresados en su aprovechamiento académico. Cuando las autoridades escolares se dieron cuenta del alto CI de Arthur, trataron de que el ambiente escolar de Arthur fuera tan parecido al de John como fuera posible. Pero a pesar de este esfuerzo, la diferencia entre los niños se agrandó con el correr del tiempo. Ya para el décimo grado, John estaba adelantado un año para su edad, mientras que Arthur estaba retrasado un año y estaba pensando en dejar la escuela. (Powel, 1994:103).
La comunicación es fundamental para funcionar de una manera “humana”. Mediante ella, los primeros veinticuatro meses de vida, aprendemos a prescindir de las manos para caminar, es decir, adoptamos la posición erecta que caracteriza al ser humano; aprendemos a controlar esfínteres; a comer utilizando determinados instrumentos, o simplemente de forma diferente a la de los animales.
Después aprendemos una serie de normas y valores éticos que nos permiten controlar nuestras emociones, ejercer nuestra sexualidad conforme a lo socialmente aceptado.
Comunicación e Inteligencia
Los científicos piensan que la inteligencia es innata solamente como potencialidad y que se desarrolla realmente sólo si la educación recibida es idónea y estimulante. Un niño criado en un ambiente familiar en el cual hay comunicación efectiva entre el padre y a madre, entre ellos y él; que dispone desde edad muy temprana de libros, tiene la oportunidad de viajar y acceso a entretenimientos como el teatro y conciertos de música clásica, asiste a escuelas donde se privilegia la comunicación profesor-alumno, alumno-alumno, desarrollará niveles de inteligencia más altos que los de un niño educado familiar y escolarmente en una situación de pobreza en canto a comunicación y a posibilidades materiales.
Quizá el siguiente caso ilustre ese punto.
Jonh G., cuyo padre es médico y cuya madre fue profesora, entra a la misma escuela que Arthur N., cuyo padre es un obrero semiespecializado, cuya educación llegó hasta el octavo grado y cuya madre era una empleada con sólo siete años de educación. En el primer grado, John obtuvo calificaciones mucho mejores que Arthur en la mayoría de las materias y parecía ser apreciablemente más brillante. Al final de este primer grado se les aplicaron a ambos niños tests individuales de inteligencia y, para sorpresa del maestro, ambos obtuvieron un CI (coeficiente intelectual) de 135. La diferencia de aprovechamiento obviamente estaba relacionada con las diferencias en experiencias ambientales. Los padres de John le leían mucho, lo llevaban a viajes a lugares de interés tanto cercanos como lejanos, discutían temas de “adultos” con él, lo alentaban a preguntar y a buscar información y le recalcaban mucho la importancia de la educación. Los padres de Arthur rara vez le leían, no alentaban sus preguntas, hacían pocos viajes y se mostraban más bien desinteresados en su aprovechamiento académico. Cuando las autoridades escolares se dieron cuenta del alto CI de Arthur, trataron de que el ambiente escolar de Arthur fuera tan parecido al de John como fuera posible. Pero a pesar de este esfuerzo, la diferencia entre los niños se agrandó con el correr del tiempo. Ya para el décimo grado, John estaba adelantado un año para su edad, mientras que Arthur estaba retrasado un año y estaba pensando en dejar la escuela. (Powel, 1994:103).
Quinta lectura
Otras funciones de la comunicación son las siguientes: (Díaz Bordenave, 1978:221-222).
➢ La función expresiva. Las personas no sólo quieren recibir comunicación sino que desean crearla, expresando sus emociones, ideas y temores, mediante la simple conversación, la poesía, la expresión corporal, etc.
➢ La función de relacionamiento. El hombre, como ser social, necesita de la comunicación para completarse como ser humano. Según Maslow, una de las necesidades básicas del hombre es vincularse a un grupo mediante relaciones afectivas. Dice Maslow: “La frustración de estas necesidades es la causa más frecuentemente encontrada en casos de desajustes y psicopatología severa”.
➢ La función de la identidad. Mediante la comunicación, el hombre encuentra su propia identidad como persona. La teoría del interaccionismo simbólico, por ejemplo, atribuye a la comunicación la formación de la personalidad con base en la influencia de los demás. Por su parte, Ruesch y Bateson ven en la comunicación la matriz de la estabilidad mental, siendo la esquizofrenia, la paranoia y otras enfermedades mentales, causadas por fallas en la comunicación consigo mismo. Por su parte Carl Rogers basa en la comunicación su método terapéutico centrado en el cliente.
➢ La función de concientización. Paulo Freire demostró como se puede modificar mediante la comunicación participativa las creencias centrales de personas inmersas acríticamente en la historia, ayudándoles a descubrir el propio potencial y las limitaciones estructurales y culturales que deben ser superadas para desarrollarse como personas.
➢ La función de diálogo pueblo-gobierno. Además de servir de vehículo para el diálogo entre grupos sociales y entre comunidades distantes, la comunicación puede servir para el diálogo directo entre el pueblo y el gobierno, complementando los canales políticos (voto, partidos, leyes, etc.) y administrativo (impuestos, registro civil, burocracia en general).
➢ La función de catalizador del cambio social. La comunicación contribuye de las maneras más diversas a promover y dinamizar el cambio social, sea por influencia del liderazgo carismático, por la emulación recíproca, por la emergencia de contradicciones o conflictos, por el efecto de demostración, por la educación concientizadora., etc.
➢ La función expresiva. Las personas no sólo quieren recibir comunicación sino que desean crearla, expresando sus emociones, ideas y temores, mediante la simple conversación, la poesía, la expresión corporal, etc.
➢ La función de relacionamiento. El hombre, como ser social, necesita de la comunicación para completarse como ser humano. Según Maslow, una de las necesidades básicas del hombre es vincularse a un grupo mediante relaciones afectivas. Dice Maslow: “La frustración de estas necesidades es la causa más frecuentemente encontrada en casos de desajustes y psicopatología severa”.
➢ La función de la identidad. Mediante la comunicación, el hombre encuentra su propia identidad como persona. La teoría del interaccionismo simbólico, por ejemplo, atribuye a la comunicación la formación de la personalidad con base en la influencia de los demás. Por su parte, Ruesch y Bateson ven en la comunicación la matriz de la estabilidad mental, siendo la esquizofrenia, la paranoia y otras enfermedades mentales, causadas por fallas en la comunicación consigo mismo. Por su parte Carl Rogers basa en la comunicación su método terapéutico centrado en el cliente.
➢ La función de concientización. Paulo Freire demostró como se puede modificar mediante la comunicación participativa las creencias centrales de personas inmersas acríticamente en la historia, ayudándoles a descubrir el propio potencial y las limitaciones estructurales y culturales que deben ser superadas para desarrollarse como personas.
➢ La función de diálogo pueblo-gobierno. Además de servir de vehículo para el diálogo entre grupos sociales y entre comunidades distantes, la comunicación puede servir para el diálogo directo entre el pueblo y el gobierno, complementando los canales políticos (voto, partidos, leyes, etc.) y administrativo (impuestos, registro civil, burocracia en general).
➢ La función de catalizador del cambio social. La comunicación contribuye de las maneras más diversas a promover y dinamizar el cambio social, sea por influencia del liderazgo carismático, por la emulación recíproca, por la emergencia de contradicciones o conflictos, por el efecto de demostración, por la educación concientizadora., etc.
martes, 27 de septiembre de 2011
Cuarta Lectura. 28/09/2011
Comunicación y Autoconcepto.
Ningún concepto o juicio es más trascendental para la persona que el que se forma sobre sí misma. Sin embargo, es en el transcurso de los años y mediante la comunicación con los demás, como vamos integrando ese Autoconcepto que puede ser positivo o negativo, estimulante o deprimente, equilibrado o desbalanceado, verdadero o falso.
Así pues, todos utilizamos las reacciones que producimos en los otros con el fin de formar una opinión de nosotros mismos.
Nos apoyamos en otros a partir de las gratificaciones y recompensas que nos hacen sentir valiosos y estimados, o recibimos de los demás el castigo o la desaprobación que nos lleva a sentirnos inadecuados y sin valor.
Si hacemos memoria, sobre todo durante la niñez y la adolescencia, reiteradamente fuimos calificados de cierta manera, flojos o trabajadores, sucios o limpios, inteligentes o tontos, cobardes o valientes, feos o bellos, etc., y a fuerza de repetírnoslo terminamos por crees que así éramos, aunque en muchos de los casos ello no corresponda a la realidad.
Importa destacar que ese autoconcepto o autoimagen, es la variable número uno en la comunicación humana, variable que condiciona en forma decisiva nuestras acciones y reacciones (Rodríguez Estrada, 1988:40).
Por otra parte, según la imagen o juicio que tengamos de nosotros mismos, cuando nos comunicamos con los demás, buscamos una de tres posibles respuestas.
La primera es la de confirmación. Hasta donde podemos percibirlo hoy, esta confirmación de la imagen de la persona tiene de sí misma, por su interlocutor (el otro), es probablemente el factor de mayor influencia en asegurar el desarrollo y la estabilidad mental que hasta ahora haya emergido de nuestros estudios de comunicación.
La segunda respuesta posible es el rechazo de la definición que la persona hace de sí misma en su comunicación a nosotros. Lo curioso es que el rechazo, por doloroso que sea, presupone por lo menos un limitado reconocimiento de lo que está siendo rechazado y, por consiguiente, no niega necesariamente la realidad de la visión que la persona tiene de sí misma.
En cambio la tercera respuesta posible, desconfirmación, es la que produce efectos más devastadores sobre la sanidad mental.
Tratase de fenómeno de la indiferencia, de la negación de la importancia del valor y de la propia existencia significativa de la persona. Es el caso de las personas que pasan inadvertidas, a quienes el comportamiento indiferente de los demás para con ellas es como un mensaje inexorable y repetido que les dice: tú no existes (Díaz Bordenave, 1978: 93-95).
Hay otro aspecto importante en relación con el autoconcepto: si nos conocemos, pero rechazamos, la comunicación con nosotros mismos no es buena; viviremos en un conflicto permanente y destructor. Tenemos que dar un paso más: aceptarnos y ello implica, en primer lugar, aceptar nuestro yo físico, es decir, estar en contacto con nuestros sentimientos; no negarlos, no decir que no tenemos miedo cuando si lo tenemos, etc. En tercer lugar, aprender a perdonarnos; de lo contrario viviremos en conflicto con nosotros mismos y con los demás (Rodríguez Estrada, 1988:41).
Precisamente parte del encanto de los niños radica en que en ellos hay congruencia entre sus sentimientos y sus comportamientos; todo es espontaneidad y verdad, el trato con ellos ofrece total sinceridad. No obstante que “ser uno mismo” es tal vez lo más difícil de lograr en este mundo complejo, convencional y doble, los padres y los adultos matamos la sinceridad dentro del niño, le negamos una y otra vez la oportunidad de “ser él mismo”, al exigirle actuar y reaccionar según pautas. Así a la larga, tampoco será sincero en su trato con los demás.
Ningún concepto o juicio es más trascendental para la persona que el que se forma sobre sí misma. Sin embargo, es en el transcurso de los años y mediante la comunicación con los demás, como vamos integrando ese Autoconcepto que puede ser positivo o negativo, estimulante o deprimente, equilibrado o desbalanceado, verdadero o falso.
Así pues, todos utilizamos las reacciones que producimos en los otros con el fin de formar una opinión de nosotros mismos.
Nos apoyamos en otros a partir de las gratificaciones y recompensas que nos hacen sentir valiosos y estimados, o recibimos de los demás el castigo o la desaprobación que nos lleva a sentirnos inadecuados y sin valor.
Si hacemos memoria, sobre todo durante la niñez y la adolescencia, reiteradamente fuimos calificados de cierta manera, flojos o trabajadores, sucios o limpios, inteligentes o tontos, cobardes o valientes, feos o bellos, etc., y a fuerza de repetírnoslo terminamos por crees que así éramos, aunque en muchos de los casos ello no corresponda a la realidad.
Importa destacar que ese autoconcepto o autoimagen, es la variable número uno en la comunicación humana, variable que condiciona en forma decisiva nuestras acciones y reacciones (Rodríguez Estrada, 1988:40).
Por otra parte, según la imagen o juicio que tengamos de nosotros mismos, cuando nos comunicamos con los demás, buscamos una de tres posibles respuestas.
La primera es la de confirmación. Hasta donde podemos percibirlo hoy, esta confirmación de la imagen de la persona tiene de sí misma, por su interlocutor (el otro), es probablemente el factor de mayor influencia en asegurar el desarrollo y la estabilidad mental que hasta ahora haya emergido de nuestros estudios de comunicación.
La segunda respuesta posible es el rechazo de la definición que la persona hace de sí misma en su comunicación a nosotros. Lo curioso es que el rechazo, por doloroso que sea, presupone por lo menos un limitado reconocimiento de lo que está siendo rechazado y, por consiguiente, no niega necesariamente la realidad de la visión que la persona tiene de sí misma.
En cambio la tercera respuesta posible, desconfirmación, es la que produce efectos más devastadores sobre la sanidad mental.
Tratase de fenómeno de la indiferencia, de la negación de la importancia del valor y de la propia existencia significativa de la persona. Es el caso de las personas que pasan inadvertidas, a quienes el comportamiento indiferente de los demás para con ellas es como un mensaje inexorable y repetido que les dice: tú no existes (Díaz Bordenave, 1978: 93-95).
Hay otro aspecto importante en relación con el autoconcepto: si nos conocemos, pero rechazamos, la comunicación con nosotros mismos no es buena; viviremos en un conflicto permanente y destructor. Tenemos que dar un paso más: aceptarnos y ello implica, en primer lugar, aceptar nuestro yo físico, es decir, estar en contacto con nuestros sentimientos; no negarlos, no decir que no tenemos miedo cuando si lo tenemos, etc. En tercer lugar, aprender a perdonarnos; de lo contrario viviremos en conflicto con nosotros mismos y con los demás (Rodríguez Estrada, 1988:41).
Precisamente parte del encanto de los niños radica en que en ellos hay congruencia entre sus sentimientos y sus comportamientos; todo es espontaneidad y verdad, el trato con ellos ofrece total sinceridad. No obstante que “ser uno mismo” es tal vez lo más difícil de lograr en este mundo complejo, convencional y doble, los padres y los adultos matamos la sinceridad dentro del niño, le negamos una y otra vez la oportunidad de “ser él mismo”, al exigirle actuar y reaccionar según pautas. Así a la larga, tampoco será sincero en su trato con los demás.
Tercera lectura
Comunicación e Individuo
La comunicación es importante para el individuo en desarrollo, primero porque mediante ella el mundo que le rodea adquiere forma, nombre. El mundo existe pero carece de forma y nombre para el individuo recién nacido. A través de la comunicación, primero con los padres, va aprendiendo que cada objeto, sujeto, acción, etcétera, responden a un determinado símbolo o palabra. En la vida cotidiana podemos constatar que el infante aprende primero a nombrar a su esencial fuente de subsistencia: “mamá” y a su principal alimento: “leche”. Después, paulatinamente, va adquiriendo el lenguaje oral y cuando lo domina, el mundo toma forma, porque adquiere nombre.
Segundo, la comunicación ayuda al individuo a definir su propia posición en relación con los demás. En la familia, en la escuela, en el trabajo y en la sociedad, el individuo tiene diferentes posiciones, según sea el padre, la madre, el hijo mayor o el menor, el profesor o el alumno, el obrero, el capataz o el gerente, el ciudadano o el funcionario público.
En cada una de esas posiciones tiene diversas jerarquías, privilegios o limitaciones y es mediante la comunicación como define cuál es su posición en relación con el otro o con los otros. Por ejemplo, el niño que ingresa a la escuela, aprende rápidamente que en ella su posición es la de alumno y ello implica que habrá un tiempo para el trabajo escolar y un tiempo para el juego, que la atención del profesor estará repartida entre todos los integrantes del grupo y no centrada en él, como sucedía en casa; sus espacios se verán reducidos al salón de clases y al patio, etc.
En tercer lugar, la comunicación le permite adaptarse con éxito al medio ambiente. Es decir, en cada nuevo ambiente en el que incursione el individuo necesita saber cuáles son las reglas del juego, asumirlas, a fin de adecuarse convenientemente a él.
El emigrante del campo que se adapta con éxito al medio urbano, prescinde del acercamiento humano que se da en el medio rural y, entre otras costumbres, de la de prestar dinero “a palabra”, es decir sin firmar ningún documento. Así, el preescolar cambia su comportamiento para familiarizarse con el ambiente escolar. Cuando ingresa a un nuevo empleo, se necesita saber el horario, la definición de labores, quién es el jefe inmediato, etc., a fin de poder mantenerse en él.
Las dos últimas funciones ejercen en el individuo en desarrollo:
…una influencia crítica sobre la formación de su personalidad y su sensación del propio ser. Le ofrece indicaciones y le fija puntos de referencia por medio de los cuales guiar su conducta. A través de la comunicación son transmitidos los valores y normas de su grupo, y consciente de éstos le permiten expresar sus necesidades de manera que le produzca satisfacción (Steinberg, 1969: 12).
Otras funciones de la comunicación son las siguientes: (Díaz Bordenave, 1978:221-222).
➢ La función expresiva. Las personas no sólo quieren recibir comunicación sino que desean crearla, expresando sus emociones, ideas y temores, mediante la simple conversación, la poesía, la expresión corporal, etc.
➢ La función de relacionamiento. El hombre, como ser social, necesita de la comunicación para completarse como ser humano. Según Maslow, una de las necesidades básicas del hombre es vincularse a un grupo mediante relaciones afectivas. Dice Maslow: “La frustración de estas necesidades es la causa más frecuentemente encontrada en casos de desajustes y psicopatología severa”.
➢ La función de la identidad. Mediante la comunicación, el hombre encuentra su propia identidad como persona. La teoría del interaccionismo simbólico, por ejemplo, atribuye a la comunicación la formación de la personalidad con base en la influencia de los demás. Por su parte, Ruesch y Bateson ven en la comunicación la matriz de la estabilidad mental, siendo la esquizofrenia, la paranoia y otras enfermedades mentales, causadas por fallas en la comunicación consigo mismo. Por su parte Carl Rogers basa en la comunicación su método terapéutico centrado en el cliente.
➢ La función de concientización. Paulo Freire demostró como se puede modificar mediante la comunicación participativa las creencias centrales de personas inmersas acríticamente en la historia, ayudándoles a descubrir el propio potencial y las limitaciones estructurales y culturales que deben ser superadas para desarrollarse como personas.
➢ La función de diálogo pueblo-gobierno. Además de servir de vehículo para el diálogo entre grupos sociales y entre comunidades distantes, la comunicación puede servir para el diálogo directo entre el pueblo y el gobierno, complementando los canales políticos (voto, partidos, leyes, etc.) y administrativo (impuestos, registro civil, burocracia en general).
➢ La función de catalizador del cambio social. La comunicación contribuye de las maneras más diversas a promover y dinamizar el cambio social, sea por influencia del liderazgo carismático, por la emulación recíproca, por la emergencia de contradicciones o conflictos, por el efecto de demostración, por la educación concientizadora., etc.
La Comunicación y Conducta
La comunicación es fundamental para funcionar de una manera “humana”. Mediante ella, los primeros veinticuatro meses de vida, aprendemos a prescindir de las manos para caminar, es decir, adoptamos la posición erecta que caracteriza al ser humano; aprendemos a controlar esfínteres; a comer utilizando determinados instrumentos, o simplemente de forma diferente a la de los animales.
Después aprendemos una serie de normas y valores éticos que nos permiten controlar nuestras emociones, ejercer nuestra sexualidad conforme a lo socialmente aceptado.
Comunicación e Inteligencia
Los científicos piensan que la inteligencia es innata solamente como potencialidad y que se desarrolla realmente sólo si la educación recibida es idónea y estimulante. Un niño criado en un ambiente familiar en el cual hay comunicación efectiva entre el padre y a madre, entre ellos y él; que dispone desde edad muy temprana de libros, tiene la oportunidad de viajar y acceso a entretenimientos como el teatro y conciertos de música clásica, asiste a escuelas donde se privilegia la comunicación profesor-alumno, alumno-alumno, desarrollará niveles de inteligencia más altos que los de un niño educado familiar y escolarmente en una situación de pobreza en canto a comunicación y a posibilidades materiales.
Quizá el siguiente caso ilustre ese punto.
Jonh G., cuyo padre es médico y cuya madre fue profesora, entra a la misma escuela que Arthur N., cuyo padre es un obrero semiespecializado, cuya educación llegó hasta el octavo grado y cuya madre era una empleada con sólo siete años de educación. En el primer grado, John obtuvo calificaciones mucho mejores que Arthur en la mayoría de las materias y parecía ser apreciablemente más brillante. Al final de este primer grado se les aplicaron a ambos niños tests individuales de inteligencia y, para sorpresa del maestro, ambos obtuvieron un CI (coeficiente intelectual) de 135. La diferencia de aprovechamiento obviamente estaba relacionada con las diferencias en experiencias ambientales. Los padres de John le leían mucho, lo llevaban a viajes a lugares de interés tanto cercanos como lejanos, discutían temas de “adultos” con él, lo alentaban a preguntar y a buscar información y le recalcaban mucho la importancia de la educación. Los padres de Arthur rara vez le leían, no alentaban sus preguntas, hacían pocos viajes y se mostraban más bien desinteresados en su aprovechamiento académico. Cuando las autoridades escolares se dieron cuenta del alto CI de Arthur, trataron de que el ambiente escolar de Arthur fuera tan parecido al de John como fuera posible. Pero a pesar de este esfuerzo, la diferencia entre los niños se agrandó con el correr del tiempo. Ya para el décimo grado, John estaba adelantado un año para su edad, mientras que Arthur estaba retrasado un año y estaba pensando en dejar la escuela. (Powel, 1994:103).
La comunicación es importante para el individuo en desarrollo, primero porque mediante ella el mundo que le rodea adquiere forma, nombre. El mundo existe pero carece de forma y nombre para el individuo recién nacido. A través de la comunicación, primero con los padres, va aprendiendo que cada objeto, sujeto, acción, etcétera, responden a un determinado símbolo o palabra. En la vida cotidiana podemos constatar que el infante aprende primero a nombrar a su esencial fuente de subsistencia: “mamá” y a su principal alimento: “leche”. Después, paulatinamente, va adquiriendo el lenguaje oral y cuando lo domina, el mundo toma forma, porque adquiere nombre.
Segundo, la comunicación ayuda al individuo a definir su propia posición en relación con los demás. En la familia, en la escuela, en el trabajo y en la sociedad, el individuo tiene diferentes posiciones, según sea el padre, la madre, el hijo mayor o el menor, el profesor o el alumno, el obrero, el capataz o el gerente, el ciudadano o el funcionario público.
En cada una de esas posiciones tiene diversas jerarquías, privilegios o limitaciones y es mediante la comunicación como define cuál es su posición en relación con el otro o con los otros. Por ejemplo, el niño que ingresa a la escuela, aprende rápidamente que en ella su posición es la de alumno y ello implica que habrá un tiempo para el trabajo escolar y un tiempo para el juego, que la atención del profesor estará repartida entre todos los integrantes del grupo y no centrada en él, como sucedía en casa; sus espacios se verán reducidos al salón de clases y al patio, etc.
En tercer lugar, la comunicación le permite adaptarse con éxito al medio ambiente. Es decir, en cada nuevo ambiente en el que incursione el individuo necesita saber cuáles son las reglas del juego, asumirlas, a fin de adecuarse convenientemente a él.
El emigrante del campo que se adapta con éxito al medio urbano, prescinde del acercamiento humano que se da en el medio rural y, entre otras costumbres, de la de prestar dinero “a palabra”, es decir sin firmar ningún documento. Así, el preescolar cambia su comportamiento para familiarizarse con el ambiente escolar. Cuando ingresa a un nuevo empleo, se necesita saber el horario, la definición de labores, quién es el jefe inmediato, etc., a fin de poder mantenerse en él.
Las dos últimas funciones ejercen en el individuo en desarrollo:
…una influencia crítica sobre la formación de su personalidad y su sensación del propio ser. Le ofrece indicaciones y le fija puntos de referencia por medio de los cuales guiar su conducta. A través de la comunicación son transmitidos los valores y normas de su grupo, y consciente de éstos le permiten expresar sus necesidades de manera que le produzca satisfacción (Steinberg, 1969: 12).
Otras funciones de la comunicación son las siguientes: (Díaz Bordenave, 1978:221-222).
➢ La función expresiva. Las personas no sólo quieren recibir comunicación sino que desean crearla, expresando sus emociones, ideas y temores, mediante la simple conversación, la poesía, la expresión corporal, etc.
➢ La función de relacionamiento. El hombre, como ser social, necesita de la comunicación para completarse como ser humano. Según Maslow, una de las necesidades básicas del hombre es vincularse a un grupo mediante relaciones afectivas. Dice Maslow: “La frustración de estas necesidades es la causa más frecuentemente encontrada en casos de desajustes y psicopatología severa”.
➢ La función de la identidad. Mediante la comunicación, el hombre encuentra su propia identidad como persona. La teoría del interaccionismo simbólico, por ejemplo, atribuye a la comunicación la formación de la personalidad con base en la influencia de los demás. Por su parte, Ruesch y Bateson ven en la comunicación la matriz de la estabilidad mental, siendo la esquizofrenia, la paranoia y otras enfermedades mentales, causadas por fallas en la comunicación consigo mismo. Por su parte Carl Rogers basa en la comunicación su método terapéutico centrado en el cliente.
➢ La función de concientización. Paulo Freire demostró como se puede modificar mediante la comunicación participativa las creencias centrales de personas inmersas acríticamente en la historia, ayudándoles a descubrir el propio potencial y las limitaciones estructurales y culturales que deben ser superadas para desarrollarse como personas.
➢ La función de diálogo pueblo-gobierno. Además de servir de vehículo para el diálogo entre grupos sociales y entre comunidades distantes, la comunicación puede servir para el diálogo directo entre el pueblo y el gobierno, complementando los canales políticos (voto, partidos, leyes, etc.) y administrativo (impuestos, registro civil, burocracia en general).
➢ La función de catalizador del cambio social. La comunicación contribuye de las maneras más diversas a promover y dinamizar el cambio social, sea por influencia del liderazgo carismático, por la emulación recíproca, por la emergencia de contradicciones o conflictos, por el efecto de demostración, por la educación concientizadora., etc.
La Comunicación y Conducta
La comunicación es fundamental para funcionar de una manera “humana”. Mediante ella, los primeros veinticuatro meses de vida, aprendemos a prescindir de las manos para caminar, es decir, adoptamos la posición erecta que caracteriza al ser humano; aprendemos a controlar esfínteres; a comer utilizando determinados instrumentos, o simplemente de forma diferente a la de los animales.
Después aprendemos una serie de normas y valores éticos que nos permiten controlar nuestras emociones, ejercer nuestra sexualidad conforme a lo socialmente aceptado.
Comunicación e Inteligencia
Los científicos piensan que la inteligencia es innata solamente como potencialidad y que se desarrolla realmente sólo si la educación recibida es idónea y estimulante. Un niño criado en un ambiente familiar en el cual hay comunicación efectiva entre el padre y a madre, entre ellos y él; que dispone desde edad muy temprana de libros, tiene la oportunidad de viajar y acceso a entretenimientos como el teatro y conciertos de música clásica, asiste a escuelas donde se privilegia la comunicación profesor-alumno, alumno-alumno, desarrollará niveles de inteligencia más altos que los de un niño educado familiar y escolarmente en una situación de pobreza en canto a comunicación y a posibilidades materiales.
Quizá el siguiente caso ilustre ese punto.
Jonh G., cuyo padre es médico y cuya madre fue profesora, entra a la misma escuela que Arthur N., cuyo padre es un obrero semiespecializado, cuya educación llegó hasta el octavo grado y cuya madre era una empleada con sólo siete años de educación. En el primer grado, John obtuvo calificaciones mucho mejores que Arthur en la mayoría de las materias y parecía ser apreciablemente más brillante. Al final de este primer grado se les aplicaron a ambos niños tests individuales de inteligencia y, para sorpresa del maestro, ambos obtuvieron un CI (coeficiente intelectual) de 135. La diferencia de aprovechamiento obviamente estaba relacionada con las diferencias en experiencias ambientales. Los padres de John le leían mucho, lo llevaban a viajes a lugares de interés tanto cercanos como lejanos, discutían temas de “adultos” con él, lo alentaban a preguntar y a buscar información y le recalcaban mucho la importancia de la educación. Los padres de Arthur rara vez le leían, no alentaban sus preguntas, hacían pocos viajes y se mostraban más bien desinteresados en su aprovechamiento académico. Cuando las autoridades escolares se dieron cuenta del alto CI de Arthur, trataron de que el ambiente escolar de Arthur fuera tan parecido al de John como fuera posible. Pero a pesar de este esfuerzo, la diferencia entre los niños se agrandó con el correr del tiempo. Ya para el décimo grado, John estaba adelantado un año para su edad, mientras que Arthur estaba retrasado un año y estaba pensando en dejar la escuela. (Powel, 1994:103).
martes, 13 de septiembre de 2011
Importancia de la Comunicación.
LA IMPORTANCIA DE LA COMUNICACIÓN
Flora Huerta Gómez
La sola idea de que el hombre pueda vivir aislado, nos resulta inconcebible. El hombre es, en efecto, un ser social y relacional. No está creado para la soledad, la teme. Además, necesita de los otros para sobrevivir y ellos necesitan de él, por eso busca el contacto permanente con sus semejantes. La comunicación es el instrumento de que se sirve para salvar los obstáculos que se opongan a sus relaciones con los otros hombres.
La comunicación es tan vital para el hombre, como el aire que respira. Podemos afirmar, sin temor a exagerar, que la comunicación es la esencia de la vida humana.
…debido a que la comunicación es el medio por el cual una persona influye sobre otra y es a su vez Influida por ella, se convierte en la portadora real del proceso social. A través de ella los hombres se convierten y se conservan como seres sociales. Sin ella, no podrían unirse, ni impulsar su dominio del mundo físico (Steinberg, 1968:8).
Más aún, lo que fuimos, somos y podemos llegar a ser como personas, depende de la comunicación. Sin embargo, sólo empezamos a vislumbrar su importancia, cuando sabemos de personas que, por alguna circunstancia, están privadas de alguno o algunos de los canales naturales para su comunicación.
Esas personas hablan de ira, frustración, desesperación y depresión, por no poder satisfacer sus necesidades de comunicación; de su lucha por encontrar un medio alternativo para comunicarse con los demás, porque necesitan dar, no sólo recibir.
Una de esas personas es Gabriela Brimmer, quien nación con parálisis cerebral y sólo puede ver, oír y controlar el dedo pulgar de su pie izquierdo. (Brimmer, 1979).
Gaby hubiera sido un vegetal si su padre no se hubiera comunicado con ella como si fuera una niña con todas sus potencialidades para desarrollarse. Además, si una persona sensible y observadora, como su nana Florencia, no hubiera advertido en la niña “una mirada de inteligencia”, si no le hubiera facilitado a tiempo los medios adecuados para que pudiera comunicarse, en principio con la misma Florencia, Gaby habría enloquecido a consecuencia de los pensamientos y sentimientos acumulados en su mente aprisionada en un cuerpo que no respondía, salvo el dedo pulgar de su píe izquierdo, a las ordenes de su cerebro.
La comunicación es calle de dos sentidos y durante un lapso de su vida, Gaby sólo recibió mensajes, pero ella, como todo ser humano, necesitaba también enviar los suyos. Consiguió, primero mediante una tabla con el alfabeto y después con una máquina eléctrica de escribir, caminar en el otro sentido de la calle, es decir, comunicarse.
Gaby no puede comunicarse mediante el lenguaje oral, pero logró hacerlo mediante el lenguaje escrito. La comunicación ha permitido su desarrollo emocional e intelectual. En un libro coescrito con Elena Poniatowska, nos muestra cómo ha aprovechado al máximo sus posibilidades de comunicación: hizo estudios en una licenciatura en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, Periodismo y Comunicación Colectiva.
Amó intensamente, asumió una posición política, escribió poemas, fue madre mediante la adopción de Alma Florencia. Gracias a la comunicación y a pesar de sus limitaciones físicas, es un ser humano realizado.
En fin, la comunicación tiene tal magnitud para el ser humano que, por ejemplo, las policías de muchos países utilizan la incomunicación como forma de tortura. Tal vez sólo a través de la vivencia podríamos captar la trascendencia de ese don: la comunicación.
Flora Huerta Gómez
La sola idea de que el hombre pueda vivir aislado, nos resulta inconcebible. El hombre es, en efecto, un ser social y relacional. No está creado para la soledad, la teme. Además, necesita de los otros para sobrevivir y ellos necesitan de él, por eso busca el contacto permanente con sus semejantes. La comunicación es el instrumento de que se sirve para salvar los obstáculos que se opongan a sus relaciones con los otros hombres.
La comunicación es tan vital para el hombre, como el aire que respira. Podemos afirmar, sin temor a exagerar, que la comunicación es la esencia de la vida humana.
…debido a que la comunicación es el medio por el cual una persona influye sobre otra y es a su vez Influida por ella, se convierte en la portadora real del proceso social. A través de ella los hombres se convierten y se conservan como seres sociales. Sin ella, no podrían unirse, ni impulsar su dominio del mundo físico (Steinberg, 1968:8).
Más aún, lo que fuimos, somos y podemos llegar a ser como personas, depende de la comunicación. Sin embargo, sólo empezamos a vislumbrar su importancia, cuando sabemos de personas que, por alguna circunstancia, están privadas de alguno o algunos de los canales naturales para su comunicación.
Esas personas hablan de ira, frustración, desesperación y depresión, por no poder satisfacer sus necesidades de comunicación; de su lucha por encontrar un medio alternativo para comunicarse con los demás, porque necesitan dar, no sólo recibir.
Una de esas personas es Gabriela Brimmer, quien nación con parálisis cerebral y sólo puede ver, oír y controlar el dedo pulgar de su pie izquierdo. (Brimmer, 1979).
Gaby hubiera sido un vegetal si su padre no se hubiera comunicado con ella como si fuera una niña con todas sus potencialidades para desarrollarse. Además, si una persona sensible y observadora, como su nana Florencia, no hubiera advertido en la niña “una mirada de inteligencia”, si no le hubiera facilitado a tiempo los medios adecuados para que pudiera comunicarse, en principio con la misma Florencia, Gaby habría enloquecido a consecuencia de los pensamientos y sentimientos acumulados en su mente aprisionada en un cuerpo que no respondía, salvo el dedo pulgar de su píe izquierdo, a las ordenes de su cerebro.
La comunicación es calle de dos sentidos y durante un lapso de su vida, Gaby sólo recibió mensajes, pero ella, como todo ser humano, necesitaba también enviar los suyos. Consiguió, primero mediante una tabla con el alfabeto y después con una máquina eléctrica de escribir, caminar en el otro sentido de la calle, es decir, comunicarse.
Gaby no puede comunicarse mediante el lenguaje oral, pero logró hacerlo mediante el lenguaje escrito. La comunicación ha permitido su desarrollo emocional e intelectual. En un libro coescrito con Elena Poniatowska, nos muestra cómo ha aprovechado al máximo sus posibilidades de comunicación: hizo estudios en una licenciatura en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, Periodismo y Comunicación Colectiva.
Amó intensamente, asumió una posición política, escribió poemas, fue madre mediante la adopción de Alma Florencia. Gracias a la comunicación y a pesar de sus limitaciones físicas, es un ser humano realizado.
En fin, la comunicación tiene tal magnitud para el ser humano que, por ejemplo, las policías de muchos países utilizan la incomunicación como forma de tortura. Tal vez sólo a través de la vivencia podríamos captar la trascendencia de ese don: la comunicación.
martes, 6 de septiembre de 2011
Taller de Comunicación I.
Presentación
Esta compilación, tiene como objetivo que los alumnos del quinto semestre del Taller de Comunicación I, se apropien de los conceptos básicos, así como de las características que tiene el proceso de la comunicación humana; punto importante para fundamentar el camino a la teorización y así encontrar los matices que nos rigen dentro de los procesos sociales.
A pesar de encontrarnos inmersos de lleno en la Sociedad Red (Manuel Castells, 2001), Inteligencias en Conexión (Derrick de Kerkhove, 1999), el proceso de comunicación básico, sigue y hay que entenderlo en su justa dimensión, para lograr una comunicación más plena, pues, finalmente los implementos tecnológicos son elementos que deberán mejorar el proceso al que nos referimos.
El presente trabajo, compila el quehacer de teóricos e investigadores de diferentes corrientes que se avocan al entendimiento del elemento que quizá dio la pauta para separarnos del resto de las especies: la comunicación.
Complemento importante para seguir los ejercicios que refuerzan los conceptos teóricos de ésta compilación, es el material que te recomendamos comprar en la librería del Colegio: “Material de Apoyo Para el Taller de Comunicación I”. de la profesora Flora Huerta Gómez, CCH Vallejo, 2008.
Los textos seleccionados cubren satisfactoriamente el contenido temático del Programa de Estudios del Taller de Comunicación I, y las actividades propuestas en el cuaderno de trabajo o actividades de apoyo, han sido probadas a lo largo de la experiencia de varios compañeros que han trabajado dichas actividades, sin embargo es capital que el profesor los evalúe y decida e incluso pueda modificarlas, según las características de los grupos y de su propia experiencia docente.
Esperamos que los materiales sean de gran utilidad y que los muevan a seguir y mejorar la búsqueda de más y mejores contenidos que respondan a las necesidades de los alumnos.
Abril de 2010
Presentación
Esta compilación, tiene como objetivo que los alumnos del quinto semestre del Taller de Comunicación I, se apropien de los conceptos básicos, así como de las características que tiene el proceso de la comunicación humana; punto importante para fundamentar el camino a la teorización y así encontrar los matices que nos rigen dentro de los procesos sociales.
A pesar de encontrarnos inmersos de lleno en la Sociedad Red (Manuel Castells, 2001), Inteligencias en Conexión (Derrick de Kerkhove, 1999), el proceso de comunicación básico, sigue y hay que entenderlo en su justa dimensión, para lograr una comunicación más plena, pues, finalmente los implementos tecnológicos son elementos que deberán mejorar el proceso al que nos referimos.
El presente trabajo, compila el quehacer de teóricos e investigadores de diferentes corrientes que se avocan al entendimiento del elemento que quizá dio la pauta para separarnos del resto de las especies: la comunicación.
Complemento importante para seguir los ejercicios que refuerzan los conceptos teóricos de ésta compilación, es el material que te recomendamos comprar en la librería del Colegio: “Material de Apoyo Para el Taller de Comunicación I”. de la profesora Flora Huerta Gómez, CCH Vallejo, 2008.
Los textos seleccionados cubren satisfactoriamente el contenido temático del Programa de Estudios del Taller de Comunicación I, y las actividades propuestas en el cuaderno de trabajo o actividades de apoyo, han sido probadas a lo largo de la experiencia de varios compañeros que han trabajado dichas actividades, sin embargo es capital que el profesor los evalúe y decida e incluso pueda modificarlas, según las características de los grupos y de su propia experiencia docente.
Esperamos que los materiales sean de gran utilidad y que los muevan a seguir y mejorar la búsqueda de más y mejores contenidos que respondan a las necesidades de los alumnos.
Abril de 2010
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