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sábado, 1 de octubre de 2011

Séptima Lectura Autoconcepto Importante

Comunicación y Autoconcepto.
Ningún concepto o juicio es más trascendental para la persona que el que se forma sobre sí misma. Sin embargo, es en el transcurso de los años y mediante la comunicación con los demás, como vamos integrando ese Autoconcepto que puede ser positivo o negativo, estimulante o deprimente, equilibrado o desbalanceado, verdadero o falso.
Así pues, todos utilizamos las reacciones que producimos en los otros con el fin de formar una opinión de nosotros mismos.
Nos apoyamos en otros a partir de las gratificaciones y recompensas que nos hacen sentir valiosos y estimados, o recibimos de los demás el castigo o la desaprobación que nos lleva a sentirnos inadecuados y sin valor.
Si hacemos memoria, sobre todo durante la niñez y la adolescencia, reiteradamente fuimos calificados de cierta manera, flojos o trabajadores, sucios o limpios, inteligentes o tontos, cobardes o valientes, feos o bellos, etc., y a fuerza de repetírnoslo terminamos por crees que así éramos, aunque en muchos de los casos ello no corresponda a la realidad.
Importa destacar que ese autoconcepto o autoimagen, es la variable número uno en la comunicación humana, variable que condiciona en forma decisiva nuestras acciones y reacciones (Rodríguez Estrada, 1988:40).
Por otra parte, según la imagen o juicio que tengamos de nosotros mismos, cuando nos comunicamos con los demás, buscamos una de tres posibles respuestas.
La primera es la de confirmación. Hasta donde podemos percibirlo hoy, esta confirmación de la imagen de la persona tiene de sí misma, por su interlocutor (el otro), es probablemente el factor de mayor influencia en asegurar el desarrollo y la estabilidad mental que hasta ahora haya emergido de nuestros estudios de comunicación.
La segunda respuesta posible es el rechazo de la definición que la persona hace de sí misma en su comunicación a nosotros. Lo curioso es que el rechazo, por doloroso que sea, presupone por lo menos un limitado reconocimiento de lo que está siendo rechazado y, por consiguiente, no niega necesariamente la realidad de la visión que la persona tiene de sí misma.
En cambio la tercera respuesta posible, desconfirmación, es la que produce efectos más devastadores sobre la sanidad mental.
Tratase de fenómeno de la indiferencia, de la negación de la importancia del valor y de la propia existencia significativa de la persona. Es el caso de las personas que pasan inadvertidas, a quienes el comportamiento indiferente de los demás para con ellas es como un mensaje inexorable y repetido que les dice: tú no existes (Díaz Bordenave, 1978: 93-95).
Hay otro aspecto importante en relación con el autoconcepto: si nos conocemos, pero rechazamos, la comunicación con nosotros mismos no es buena; viviremos en un conflicto permanente y destructor. Tenemos que dar un paso más: aceptarnos y ello implica, en primer lugar, aceptar nuestro yo físico, es decir, estar en contacto con nuestros sentimientos; no negarlos, no decir que no tenemos miedo cuando si lo tenemos, etc. En tercer lugar, aprender a perdonarnos; de lo contrario viviremos en conflicto con nosotros mismos y con los demás (Rodríguez Estrada, 1988:41).
Precisamente parte del encanto de los niños radica en que en ellos hay congruencia entre sus sentimientos y sus comportamientos; todo es espontaneidad y verdad, el trato con ellos ofrece total sinceridad. No obstante que “ser uno mismo” es tal vez lo más difícil de lograr en este mundo complejo, convencional y doble, los padres y los adultos matamos la sinceridad dentro del niño, le negamos una y otra vez la oportunidad de “ser él mismo”, al exigirle actuar y reaccionar según pautas. Así a la larga, tampoco será sincero en su trato con los demás.

Sexta Lectura Com y Conducta

La Comunicación y Conducta
La comunicación es fundamental para funcionar de una manera “humana”. Mediante ella, los primeros veinticuatro meses de vida, aprendemos a prescindir de las manos para caminar, es decir, adoptamos la posición erecta que caracteriza al ser humano; aprendemos a controlar esfínteres; a comer utilizando determinados instrumentos, o simplemente de forma diferente a la de los animales.
Después aprendemos una serie de normas y valores éticos que nos permiten controlar nuestras emociones, ejercer nuestra sexualidad conforme a lo socialmente aceptado.
Comunicación e Inteligencia
Los científicos piensan que la inteligencia es innata solamente como potencialidad y que se desarrolla realmente sólo si la educación recibida es idónea y estimulante. Un niño criado en un ambiente familiar en el cual hay comunicación efectiva entre el padre y a madre, entre ellos y él; que dispone desde edad muy temprana de libros, tiene la oportunidad de viajar y acceso a entretenimientos como el teatro y conciertos de música clásica, asiste a escuelas donde se privilegia la comunicación profesor-alumno, alumno-alumno, desarrollará niveles de inteligencia más altos que los de un niño educado familiar y escolarmente en una situación de pobreza en canto a comunicación y a posibilidades materiales.
Quizá el siguiente caso ilustre ese punto.
Jonh G., cuyo padre es médico y cuya madre fue profesora, entra a la misma escuela que Arthur N., cuyo padre es un obrero semiespecializado, cuya educación llegó hasta el octavo grado y cuya madre era una empleada con sólo siete años de educación. En el primer grado, John obtuvo calificaciones mucho mejores que Arthur en la mayoría de las materias y parecía ser apreciablemente más brillante. Al final de este primer grado se les aplicaron a ambos niños tests individuales de inteligencia y, para sorpresa del maestro, ambos obtuvieron un CI (coeficiente intelectual) de 135. La diferencia de aprovechamiento obviamente estaba relacionada con las diferencias en experiencias ambientales. Los padres de John le leían mucho, lo llevaban a viajes a lugares de interés tanto cercanos como lejanos, discutían temas de “adultos” con él, lo alentaban a preguntar y a buscar información y le recalcaban mucho la importancia de la educación. Los padres de Arthur rara vez le leían, no alentaban sus preguntas, hacían pocos viajes y se mostraban más bien desinteresados en su aprovechamiento académico. Cuando las autoridades escolares se dieron cuenta del alto CI de Arthur, trataron de que el ambiente escolar de Arthur fuera tan parecido al de John como fuera posible. Pero a pesar de este esfuerzo, la diferencia entre los niños se agrandó con el correr del tiempo. Ya para el décimo grado, John estaba adelantado un año para su edad, mientras que Arthur estaba retrasado un año y estaba pensando en dejar la escuela. (Powel, 1994:103).

Quinta lectura

Otras funciones de la comunicación son las siguientes: (Díaz Bordenave, 1978:221-222).
➢ La función expresiva. Las personas no sólo quieren recibir comunicación sino que desean crearla, expresando sus emociones, ideas y temores, mediante la simple conversación, la poesía, la expresión corporal, etc.
➢ La función de relacionamiento. El hombre, como ser social, necesita de la comunicación para completarse como ser humano. Según Maslow, una de las necesidades básicas del hombre es vincularse a un grupo mediante relaciones afectivas. Dice Maslow: “La frustración de estas necesidades es la causa más frecuentemente encontrada en casos de desajustes y psicopatología severa”.
➢ La función de la identidad. Mediante la comunicación, el hombre encuentra su propia identidad como persona. La teoría del interaccionismo simbólico, por ejemplo, atribuye a la comunicación la formación de la personalidad con base en la influencia de los demás. Por su parte, Ruesch y Bateson ven en la comunicación la matriz de la estabilidad mental, siendo la esquizofrenia, la paranoia y otras enfermedades mentales, causadas por fallas en la comunicación consigo mismo. Por su parte Carl Rogers basa en la comunicación su método terapéutico centrado en el cliente.
➢ La función de concientización. Paulo Freire demostró como se puede modificar mediante la comunicación participativa las creencias centrales de personas inmersas acríticamente en la historia, ayudándoles a descubrir el propio potencial y las limitaciones estructurales y culturales que deben ser superadas para desarrollarse como personas.
➢ La función de diálogo pueblo-gobierno. Además de servir de vehículo para el diálogo entre grupos sociales y entre comunidades distantes, la comunicación puede servir para el diálogo directo entre el pueblo y el gobierno, complementando los canales políticos (voto, partidos, leyes, etc.) y administrativo (impuestos, registro civil, burocracia en general).
➢ La función de catalizador del cambio social. La comunicación contribuye de las maneras más diversas a promover y dinamizar el cambio social, sea por influencia del liderazgo carismático, por la emulación recíproca, por la emergencia de contradicciones o conflictos, por el efecto de demostración, por la educación concientizadora., etc.